Una tarde madrileña de calor y cultura japonesa. Poco a poco los asistentes fueron tomando asiento dentro del café Livin’ Japan y fuera de él los rezagados apretaban el paso para llegar a tiempo. Al poco rato nos convertimos en compañeros de mesa y compartimos unas cuantas cervezas o cafés y comenzamos a hablar sobre el origen misterioso de la lengua japonesa y sobre las pocas pistas que el tiempo nos ha dejado como rastro.

Resulta que el japonés posee cierto parecido con lenguas muy distantes en el mapa y que  existe una conexión entre Asia occidental y el Extremo Oriente. Hablamos de la posibilidad de una remotísima invasión mongola en el 2500 a.n.e. También mencionamos a la reina chamán Himiko y como los chinos de Wei en el siglo III contactaron con los japoneses, registrándose así por primera vez la existencia de Yamatai-koku (Japón) y su lengua (el japonés o yamato-kotoba). Incluso se pasaron a saludarnos Kenzaburo Óe y Yasunari Kawabata, dos premios Nobel de literatura japoneses que resultan ser el mejor ejemplo de la relevancia y el reconocimiento mundial de la escritura en japonés.

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Escrituras femeninas y masculinas que se sumaron a letras que llegaron al archipiélago nipón desde el continente. Mujeres japonesas que desarrollaron una escritura para comunicarse secretamente entre ellas y echar por tierra arreglos matrimoniales. Monjes que se inventaron todavía otra escritura más para poder pillar apuntes en sus clases de chino en China. Una buena ración de anécdotas curiosas que nos permitieron conocer las distintas escrituras de las que se constituye el japonés. Con esta información tan útil y dos cafés culminamos la tarde ensuciándonos las manos de tinta y escribiendo un haiku de verano. Quizás más bien, de fin de verano.

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Todo río abajo / Sombras fluyen / ¿Y esas luciérnagas? (Chiyo)

¡Gracias por venir!

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Escrito por:acchiKei

CULTURA JAPONESA ALTERNATIVA