Juan Fandiño nace en Madrid y vive en Osaka. Temprano despierta su interés por el arte y la cultura japonesa y esta se convierte en una constante que le acompañará durante su formación artística en la Escuela de Arte de La Palma y en la Universidad Complutense de Madrid. En su fotografía nos encontramos una particular preocupación por el cuerpo de la mujer japonesa y su sensualidad más cotidiana, las emociones personales y muchos momentos íntimos de reflexión que asoman entre sombras y claroscuros. Polifacético, ha traducido a Osamu Dazai en dos ocasiones, Colegiala (Impedimenta, 2013) y Repudiados (Sajalín, 2016), y ha llevado a cabo la dirección artística del videojuego japonés Yume Nikki.

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Antes de nada… ¿Cómo se sienta uno ante un texto de Dazai y le desafía con una traducción al castellano? ¿Cuál es el mensaje más potente que se obtiene de este maestro de la literatura japonesa?

J.F.: Lo primero decir que fue un trabajo en equipo, no lo hice yo solo ni mucho menos. Fue un largo y bonito proceso. Empezó como un proyecto personal que fue creciendo y afortunadamente dio con buen puerto. La idea surgió de mi antigua compañera que, por supuesto, es japonesa. A ella le gustaba mucho la obra de Dazai, la cual es bastante extensa pero poco conocida. Tanto dentro como fuera de Japón, si hablas de Dazai todo el mundo te nombra su obra más famosa, la titulada Indigno de Ser Humano (publicada en España por la editorial Sajalín), pero, sin embargo, casi nadie conoce el resto de su amplia obra. Nosotros quisimos dar a conocer sus obras menos famosas pero no por ello menos importantes o de peor calidad.

Decidimos empezar con una recopilación de relatos cortos que nos publicó la editorial Impedimenta bajo el título de Colegiala. Se trata de una recopilación muy interesante ya que, todos los relatos que la componen, están protagonizados por mujeres que, casi siempre, tienen problemas o están en conflicto con un hombre que no las termina de entender o tratar como se merecen. Ese hombre, aunque no se especifica claramente, es Dazai, y las mujeres que narran sus historias son representaciones de su mujer y sus numerosas amantes. Desde el principio sentimos estos relatos como un intento de Dazai por pedir perdón a esas mujeres, además siempre me fascinó el hecho de que fuese capaz de reconocer sus propios errores y hablar abiertamente de ellos, criticándolos en un intento de, quizás, redimirse.

Un año después comenzamos a traducir una nueva recopilación de relatos, esta vez protagonizados por representaciones del propio Dazai, una vez vez más hablando sobre su vida y los problemas que su comportamiento causaba a sus seres queridos. Esta recopilación fue publicada bajo el título de Repudiados por Sajalín. Siento que ambas obras se complementan y es muy interesante leerlas ya que, en algunos casos, son el mismo relato pero mostrado desde dos puntos de vista diferentes (el del propio Dazai y el de la mujer).

Quedamos muy contentos con el resultado final y estamos muy orgullosos de haber podido traducir directamente del japonés, manteniendo así la esencia de lo que Dazai realmente quiso transmitir. Desgraciadamente muchas traducciones de obras japonesas al castellano no están hechas a partir de la obra original sino de traducciones previas al inglés o el francés, haciendo que muchos detalles y matices se pierdan por el camino. Nosotros siempre defendimos la calidad de las obras traducidas por equipos de una persona japonesa y una del país a cuya lengua se va a traducir antes que los traductores que trabajan a partir de traducciones previas de otros idiomas. Quizá con idiomas europeos esto no sea tan necesario, pero con los idiomas asiáticos, dada su gran diferencia y complejidad, es inevitable que no se pierdan cosas por el camino si no se hace debidamente y con cuidado.

Dazai fue un gran escritor. Una persona con muchísimas inseguridades que, aun a pesar de su comportamiento tóxico y egoísta hacia sus seres queridos, supo plasmar con enorme belleza y honestidad todo lo que ocurría en su interior en un intento de explicar qué le llevaba a hacer tales cosas. Nosotros le estaremos eternamente agradecido por todo lo que nos ha dado y enseñado y, por supuesto, recomendamos leer su obra a cualquiera que esté interesado no solo en literatura japonesa sino en el Japón de principios del siglo XX.

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¿Cómo surge la posibilidad de exponer tus fotos y vivencias en Japón por primera vez? 

J.F.: Di por casualidad con la obra de Kousaku Ishiguro, un fotógrafo de Osaka con una obra muy interesante. Desde el primer momento me atrajo mucho el tono de sus imágenes, el color y como mostraba su entorno. Además le gustaban las obras de Osamu Dazai, autor que, en cierto modo, marcó mi camino durante aquellos años en los que estaba descubriendo Japón.
Contacté con él una vez pude asentarme en Osaka y, amablemente, me invitó a visitarle en su galería. Galería Hommage, situada a las afueras de la ciudad, entre Osaka y Nara. Hicimos buenas migas y empecé a visitarlo con frecuencia, intentando aprender de él todo lo que pudiese. Siento que ahora mismo el tipo de fotografía que me mueve tiene poco que ver con lo que en aquella época intentaba hacer, pero eso no quita su figura fuese y siga siendo una gran fuente de inspiración. Con el tiempo me ofreció la oportunidad de exponer en su galería y por supuesto acepté. Recuerdo con cariño aquellas dos semanas que duró la exposición.

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Tomando como referencia el nombre de tu obra KIKU (Crisantemo) y haciendo mención a otra flor como es la yamato nadeshiko y que se relaciona con el ideal tradicional de belleza femenina en Japón, nos preguntamos: ¿Crees que tu fotografía se acerca o se aleja de este ideal? 

J.F.: Es un tema complicado. Empecé a desarrollar esta idea cuando estaba estudiando Bellas Artes en Madrid. Un profesor de escultura nos propuso trabajar sobre algo que realmente nos motivase, que tuviese significado. No un mero ejercicio de clase sino algo que pudiese empezar a dar forma a nuestra obra personal, que nos identificase como artistas. Empecé a darle vueltas y me di cuenta de que, dentro de mi interés por Japón, su cultura y folclore, había algo superior a todo ello que me atraía y fascinaba aún más. Se trataba de la figura de la mujer japonesa, o al menos la idea que yo tenía de ella en aquella época. Empecé a investigar sobre el tema, sobre por qué me atraía de esa manera. Aquel estudio se unió a la obra de Jun’ichirō Tanizaki, en especial a su ensayo El Elogio de la Sombra, donde se expone de una manera muy interesante las diferencias de gusto estético entre Japón y occidente de principios del s.XIX, algo que a día de hoy todavía se mantiene según que lugares.

Poco a poco todo ese aprendizaje fue marcando el tono de mis imágenes, haciendo que acabase convirtiendo ese ideal, esa percepción personal, en el tema central de mi obra, no solo fotográfica sino también pictórica. Con KIKU aún estaba descubriendo distintos caminos y maneras de hacer, y desde aquellas imágenes he cambiado mucho y he pasado por distintas etapas, pero aun así siento que el fondo de mi trabajo, la base, sigue siendo la misma; intentar darle forma o comunicar todo lo que ese ideal me hace sentir.

Juan Fandino Martin - KIKU 9

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Percibimos que tus fotografías en España tienen un tono más familiar y reflexivo, mientras que Japón saca tu parte más instintiva. ¿Son distintas las emociones que te llevan a sacar la cámara y capturar un momento concreto cuando estás en España o en Japón?

J.F.: España y Japón… Creo que los lugares cobran el significado que nosotros les otorgamos. Mi relación con ambos países está marcada por mis vivencias y eso hace que para mí tengan un significado o que me hagan sentir de una manera distinta a la que otra persona pueda percibir. En este punto de mi vida, para mí España es familia, cariño, amor, mientras que Japón es todo lo opuesto. Soledad, incertidumbre, descubrimiento personal. A primera vista puede parecer que tengo una percepción negativa del país, o que no estoy bien aquí, pero no es así. Japón es un país al que vine porque había algo aquí que me estaba llamando, algo que tenía que descubrir, y en eso estoy. Es un lugar que me permite un ritmo de vida y una soledad (intencionada y buscada) que me hace crecer como persona y entenderme mejor a mí mismo (o eso quiero creer).

Por supuesto, todo esto afecta mi obra, y es por esto que las imágenes de España suelen tener un tono muy distinto a las de Japón. Jamás me fuerzo a fotografiar si no siento que quiero hacerlo. Tampoco fotografío temas o escenas que no me interesan. Es todo muy instintivo, lo que es complicado, ya que hace que pueda pasar largas temporadas sin tocar la cámara si esta no me llama. Sin ir más lejos, en 2017 pasé 10 meses sin hacer ni una sola foto por esto mismo. Necesitaba alejarme y ocupar mi mente con otras cosas, hasta que volví a sentir que tenía algo que contar. Esto afecta bastante a la cantidad de material que produzco, pero pienso que no debo forzarme si no siento que deba hacerlo.

A tu serie Yureru le acompaña un poema:

漆黒の瞳が
僕を見つめている雨降る夜
吉祥天…僕は、あなたをみつけたのかい?

Big black eyes
Staring at me in the rainy night
Kisshōten, did I find you?

¿Existe la posibilidad de fotografiar a un kami/deidad o desaparecen justo un instante antes de ser fotografiados?

J.F.: La serie de Yureru (que originalmente iba a tener otro título) es una serie que siento que aun no he terminado y quizá algún día retome. Tengo mucho material guardado que necesita ser revisado antes de poder mostrarlo. El tema central de aquel proyecto empezó siendo algo similar a lo que hablamos anteriormente; el ideal de belleza femenina en Japón, o mejor dicho, mi percepción de ella. Aprendí a través de una persona que en cierto modo marcó mi viaje cuál era la figura de Kisshōten. Una deidad traída del budismo que representa la belleza y fertilidad. En aquel momento me obsesioné muchísimo con aquel concepto e intenté buscarlo en las personas y entornos que marcaban mi día a día. Acabé saturado y en un punto en el que no sabía muy bien por dónde continuar, lo que resultó en que abandonara el proyecto temporalmente hasta que me volviese a sentir con fuerzas de retomarlo. Siento que el tono que le estaba dando no me representaba y tampoco era lo que quería mostrar.

Volviendo a la pregunta, en este contexto para mí los kamis son representaciones idealizadas de los objetivos que queremos conseguir en nuestro camino. Están ahí, pero no siempre tenemos la capacidad de poder verlos (y fotografiarlos). Obsesionarse con algo con tanta intensidad como me ocurrió a mí hace que puedas perder el foco y acabes yendo por caminos equivocados que se van alejando de tu objetivo original. Por eso a veces es mejor saber parar, tomar aire, alejarse y mirar la situación con perspectiva. El tiempo siempre ayuda y, a veces, esos kamis u objetivos lo que necesitan es cierta distancia para poder volver a verlos/retomarlos cuando te sientas preparado.

Has participado como director de arte en el desarrollo de un videojuego de terror. ¿Qué cosas te inspiraron durante el proceso de diseño? ¿Has llevado a ese mundo algo de tu fotografía y/o viceversa? ¿Cuál de todas tus fotografías crees que representaría mejor el miedo o el terror?

J.F.: Lo cierto es que sí. En las fases tempranas del desarrollo tuve que hacer todo el Concept Art y para ello utilicé algunas de mis fotografías como base. Personalmente no calificaría el juego como género de terror pero entiendo que, al tratar el mundo de los sueños y el subconsciente bajo una perspectiva algo oscura pueda acercarse a él. Además de la dirección de arte me encargué de la iluminación y post-processing, que por supuesto estuvieron muy influenciadas por mis gustos fotográficos, utilizando colores, luces y sombras que pudiesen transmitir y ser parte de la historia.

En cuanto al terror en la fotografía, creo que es un tema muy interesante que ha sido poco explorado. No me refiero a mostrar situaciones de horror como puede ser la fotografía de guerra sino a intentar transmitir esa sensación, no tanto por lo que se muestra en la imagen sino más bien por el ambiente y sensación que el autor le otorgue. Personalmente no creo que ninguna de mis imágenes consiga mostrar esas sensaciones ya que básicamente no es algo que haya explorado o intentado, pero sí que hay fotógrafos cuya obra (o mi interpretación de ella) sí que ha conseguido transmitirme esas sensaciones, siendo quizá Antoine d’Agata o Helio León con su trabajo The Purple Room los mejores ejemplos.

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¿Algún proyecto actual o futuro?

J.F.: Siento que con el tiempo mi manera de acercarme a la fotografía ha ido cambiando. Sigo hablando sobre los mismos temas que siempre he tratado solo que ahora lo hago mostrando elementos distintos y a, mi parecer, con una técnica más sutil y depurada. Hace un año empecé a fotografiar sombras naturales proyectadas tanto sobre el entorno como sobre personas, intentando hablar a través de ellas sobre mi situación emocional en Japón y como afecta a mi vida sin dejar de lado todos los temas e inquietudes que he ido tratando a lo largo de la entrevista. Japón es un país con una luz solar maravillosa que hace que el entorno cobre una magia especial difícil de captar en otros lugares. Vivir aquí es un aprendizaje continuo que por su puesto me hace crecer como persona, lo que también afecta a mi obra.

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Entrevista realizada por Elena Manrique y José Fernández.

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Escrito por:acchiKei

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