– Este modelo en concreto es espectacular. Además del reconocimiento de voz y cara, la calidad de sonido es fantástica, y el sensor de movimiento es el más avanzado del mercado. Muy recomendable.

– Me lo llevo.

– ¡Estupendo! ¿Quiere que se lo meta en una bolsa?

– No se preocupe. Si le voy a pedir matrimonio ya mismo.

Aun siendo una imagen paródica y exagerada la situación recreada en este diálogo, es posible que más de uno sepa ya por dónde va a ir el asunto. Recientemente, diversos medios de todo el mundo han publicado la noticia de la ceremonia de boda entre Akihiko Kondo, de 35 años, y un holograma de la idol virtual Miku Hatsune. Se trata de un artículo creado por la compañía Gatebox. Fundamentalmente, el aparato muestra un holograma de, en este caso, Miku Hatsune (16 años), que permite y simula una suerte de interacción “real” a través de diversas funcionalidades, generando la fantasía de que el personaje está vivo. Sin duda el anuncio que podéis ver a continuación, protagonizado por otro personaje virtual del estilo, expone de manera mucho más clara algunas de las funcionalidades de este producto, así como el tipo de “interacción” que propone.

La repercusión de la noticia ha generado reacciones de todo tipo: burlas y mofas, mensajes de apoyo, y críticas feroces. Lo primero que quiero señalar, y que muchos medios omiten, especialmente los no japoneses, es que la boda no tiene un carácter oficial, sino simbólico. Procuraré no caer en valoraciones éticas o morales. Mi intención es que podamos entender un poco mejor este fenómeno, y algunas de sus posibles características o repercusiones en materia de género e identidad sexual. Y difícilmente podríamos lograr esto sin recurrir al concepto de tecnointimidad (Alisson, 2006). El concepto de tecnointimidad alude a la relación que un ser humano establece con un ser virtual, siendo este último entendido como un ente animado, vivo, con sentimientos y también necesitado de ciertos cuidados, atenciones o, en general, colaboración de algún tipo. Es la creación de unos determinados lazos emocionales a través de la interacción con seres ficticios como si estos fueran reales.

Tamagotchi
El tamagotchi es un ejemplo clásico de producto relacionado con el fenómeno de la tecnointimidad. Foto extraída de Flickr.

Por supuesto, hay productos creados específicamente para el establecimiento de este tipo de lazos. Los ejemplos probablemente den mejor cuenta de la idea del concepto que esta escueta definición. Un ejemplo clásico y muy sencillo del que habla Alisson (y que quizá no es lo primero que uno tiene en mente al pensar en esto) es el tamagotchi. El objetivo del juego no es otro que cuidar de ese ser virtual que simula ser una mascota, interactuar con él para que esté bien en la medida de lo posible. El tamagotchi es entendido en cierta medida como una mascota real. Acercándonos ya al caso que sirve de base para este artículo, tenemos los videojuegos de temática amorosa, generalmente novelas gráficas, donde el usuario es convertido en el protagonista de la historia, cuyo objetivo no es otro que ligar interactuando con las “chicas” actractivas: los conocidos como videojuegos bishoujo. ¿Y podríamos hablar de tecnointimidad en el caso de la relación entre los idol otaku y las artistas, si entendemos a estas últimas como actrices hasta cierta medida? ¿Y qué me decís de estas parafernalias de realidad virtual? Echad un vistazo a los vídeos:

Al igual que en el artículo en el que trato la situación laboral en la industria idol, también aquí hay varios puntos de vista desde los que podría ser interesante enfocar el tema. Podemos hablar desde una perspectiva más económica y de consumo, reflexionando sobre la salvaje mercantilización del amor, o enfocar el asunto hacia algunas cuestiones de género y de identidad sexual.  Me planteo dos preguntas: ¿Podemos hablar de una “minoría sexual” constituida por individuos como el protagonista de la noticia? Según varios medios, Akihiko Kondo ha solicitado ser reconocido como parte de una minoría sexual, llegando incluso a compararse como gays y lesbianas, señalando respecto a la cuestión del rechazo por parte de la sociedad que “No está bien, es como si intentaras hacer que un hombre gay tuviese una cita con una chica, o que una mujer lesbiana tuviese una cita con un chico”.  Por otro lado ¿en que lugar puede dejar a la mujer real la naturalización de este tipo de “uniones”? Vamos a ello.

Fueraba Friend to lover
Extracto de Fueraba -Friend to Lover-. Aquí un ejemplo de una novela visual cuyo objetivo es echarse novia.

Primera pregunta, una clásica: ¿en qué está pensando esta persona?, ¿qué puede llevar a alguien a “emparejarse” con un ser virtual? En AcchiKei todavía no dominamos lo de leer mentes, por lo que es imposible responder a esto. Evidentemente cada caso estará condicionado por distintos factores y experiencias. No obstante, permitidme que ponga en relación por un momento el caso Akihiko Kondo con los de algunos idol otakus. Según el diario Asahi Shinbun, Kondo “estaba convencido de que no encontraría a nadie con quien casarse”, mientras que según otros medios, este ha afirmado que le resulta “imposible encontrar una mujer real”. Por su parte, en documentales como Tokyo Idols (2017) o trabajos de investigación como el de Aoyagi (2005), encontramos declaraciones de idol otakus al respecto de estas cuestiones: el caso de un recién divorciado que decide dedicarse en cuerpo y alma a seguir a su idol favorita, así como chicos más jóvenes que aseguran que las relaciones reales son más complicadas, más costosas, traen más problemas, suponen una exposición al rechazo y conllevan un esfuerzo y tiempo que no quieren invertir. Alguno incluso afirma que las mujeres reales están perdiendo la feminidad ideal que las caracterizaba en otros tiempos. No obstante, la fantasía (incluso aunque hablemos en este caso de idols, el tipo de relación establecida no deja de estar construida a través de la fantasía, no es real) es mucho más sencilla y satisfactoria, no trae problemas y encima tienen el “sí” asegurado. Ambos casos están relacionados en tanto que hay una “huida”, una “negación” o un “rechazo” de la posibilidad de mantener una relación amorosa con mujeres reales.

En cualquier caso, lo que parece evidente es que las relaciones de tecnointimidad (en este caso incluyo aquí también las relaciones otaku-idol) suponen una mayor comoidad y seguridad para estos individuos (hablaré de hombres porque no he localizado ningún caso de este estilo protagonizado por una mujer, si bien ya hay algunos artículos con hombres virtuales como protagonistas). ¿Son, por lo tanto, una minoría sexual? Personalmente, y sin ningún ánimo de faltar al respeto, considerarlos como tal me parecería una gran equivocación. Entiendo que es un tema delicado y al mismo tiempo generalizar los casos siempre es peligroso, pero me resulta verdaderamente complicado aceptar como minoría sexual a un grupo de personas cuyo “deseo” hacia entes virtuales nace en muchos casos de un miedo o sentimiento de rechazo respecto a las mujeres reales. Es decir, no se trata simplemente de personas que se sientan atraídas por personajes virtuales o ficticios, sin más. No. Se trata de personas que se sienten atraídas por una serie de proyecciones en forma de personaje femenino que llevan determinadas fantasías, teóricamente irrealizables, al plano “real”, pero a través de seres virtuales cuya “apariencia física” o “forma” entra al 100% dentro de determinados estándares que podemos considerar normativos y que, desde luego, siguen siendo representaciones claras de mujeres (¡o adolescentes!) en el plano de las apariencias, así como de una feminidad generada por y para el hombre. No rechazan el físico de la mujer, no hay un rechazo de los estándares de belleza, no parece haber ningún rechazo sexual hacia la mujer. Lo que hay en muchos casos es un rechazo (o un miedo) al concepto de “mujer real. A la idea esencialista de que las mujeres son por naturaleza de determinadas maneras y que por lo tanto no es posible, o resulta muy tedioso, mantener una relación sentimental satisfactoria con ellas. Salvando las enormes distancias y diferencias en el plano moral entre un, digámoslo con esta palabra, putero, y estos individuos, existe un trasfondo que en numerosas ocasiones es similar: son muchos, en ambos casos, los que consideran que sus alternativas sexuales o afectivas suponen simplemente un camino rápido y sencillo para satisfacer sus deseos, al serles fácilmente accesibles en el mercado. Si la atracción por entes virtuales o ficticios (ya estén representados por mujeres reales o por diseños artificiales) tiene su base en estas cuestiones de rechazo o miedo a la “mujer real”, ¿cómo vamos a considerar a este grupo una minoría sexual equiparable en un sentido político y de identidad a aquellas incluidas dentro del colectivo LGTBI?

Azuma Hikari
Así presenta Gatebox en su web al personaje de Azuma Hikari. Nacida para darte una perfecta experiencia ‘okaeri-nasai’ (algo así como “bienvenido de vuelta a casa”)

Si aceptásemos a este colectivo como minoría sexual, ¿en qué lugar quedaría la mujer? No es ninguna novedad que la industria de la cultura popular japonesa está bien cargadita de machismo, pero veamos este tipo de casos en particular. Estos artefactos como los que podéis ver en los vídeos han sido aceptados por una minoría de hombres  heterosexuales o bisexuales como “sustitutos” afectivos, ya sea total o parcialmente, de las mujeres. Las empresas conocen perfectamente el perfil de consumo y las fantasías de este tipo de consumidores y construyen productos acorde a la demanda (no solo, insisto, en el ámbito de lo tecnológico y lo puramente gráfico, sino también a través de las idol o las meido). Proyectan como “ideal” a una mujer dócil, sumisa, complaciente y que jamás rechazará a su “dueño”. E incluso aunque no fuese así, incluso aunque la personalidad del personaje fuese de otro tipo, siempre estaríamos hablando de personalidades artificiales, idealizadas, alejadas de la realidad y, en un sentido u otro, “perfectas” para el perfil del consumidor. Aquí tiene, mujeres virtuales a la carta. Feminidades virtuales alternativas para que nuestros clientes enfadados con el 50% de la población puedan tener algunas otras opciones donde escoger, mientras nosotros nos lucramos. La mujer perfecta para usted, que jamás le dirá que no y con la que podrá cumplir su fantasía romántica y, ¿por qué no? reproducir estereotipos y adoptar los roles de género más tradicionales de la manera más moderna y actual.

meid
Es innegable que las meido son también una representación de ese tipo de mujer “ideal” sumisa, dócil y servicial. Fotos extraídas de Wikipedia.

No faltan, ni faltarán, las personas que opinen que “pues adelante, si ellos son felices así, está bien”. No puedo estar de acuerdo. Debe llevarse a cabo (y entiendo que una cosa es decirlo, y otra hacerlo) una normalización tanto de la soltería como un estado compatible con una vida plena y feliz, así como del rechazo como algo que puede llegar a ser habitual en muchas etapas de la vida. Sufrir el rechazo de una, de diez, o de cincuenta mujeres no implica que “las mujeres sean…” y que haya que buscar alternativas a ellas. No deberíamos en ningún caso justificar de ningún modo esta esencialización de la mujer que difícilmente podemos desligar de determinados sentimientos derivados en muchos casos de experiencias personales concretas, ni mucho menos el mercado debería poder lucrarse con ello. Por supuesto es interesante también preguntarse por qué tanta gente puede llegar a sentirse así en la sociedad japonesa, y por qué ese miedo o ese supuesto rechazo relativamente habitual en algunos grupos, pero en ningún caso podemos poner el foco del problema en las mujeres como tal.

No obstante, esto ya son cuestiones que dependen de infinidad de factores y que desde luego no tienen una solución a corto plazo. Más allá de la categorización de este fenómeno de amor virtual como algo “curioso”, “bueno” o “malo”, “natural” o “antinatural”, lo verdaderamente preocupante es que el capital manda, y si puede sacar tajada de las fantasías amorosas de quien sea, lo va a hacer. Y si para ello hay que crear “feminidades virtuales”, por denigrantes que sean, que a nadie le quepa duda de que se va a hacer. Las fantasías masculinas heterosexuales son una mina de oro para estas empresas. ¿Mujeres reales? ¿Para qué? Novia virtual a la carta. Y no se admiten devoluciones.

 

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Escrito por:Diego R. Losada