¿Qué es teamLab?

La Orquesta de las Pelotas Luminosas (2013). Curioso, ¿verdad? Ahora que tengo tu atención, déjame que te hable de los responsables de esta idea.

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Los orígenes en 2001 de teamLab ya van quedando algo lejanos en el tiempo y el impacto de este grupo ya es lo suficientemente profundo y digno como para ser considerado como un colectivo artístico de culto. El culpable de todo esto es el japonés Toshiyuki Inoko, un carismático e inquieto físico y matemático que quiso poner a prueba las fronteras entre la ciencia y el arte y reunir a un grupo humano que le apoyara en la causa. TeamLab es un nombre que en primera instancia pareciera referir a una organización del tipo científico más que a uno artístico. El motivo de la elección de este nombre reside en que se trata de una empresa artística conformada, en un importante número, por científicos de distintos campos que van desde la informática, pasando por la ingeniería, el diseño, las matemáticas o la arquitectura, hasta la biología, sin olvidar en ningún momento la presencia del artista. Con ya 18 años de actividad este grupo multidisciplinar se ha convertido en el mayor embajador del arte digital de Asia y en todo un referente de la acción artística en el resto del mundo. A día de hoy el equipo total de teamLab está formado por más de cuatrocientos profesionales, distribuido entre su cuartel general de cuatro plantas en un rascacielo de Tokyo y otros laboratorios de creación subsidiarios situados en Singapur y Shangai. El tamaño de equipo de teamLab, es equiparable en número al de los propios del mundo del cine o de los videojuegos y aunque realizan obras a gran formato, la motivación es algo distinta. TeamLab ha buscado la presencia internacional y el poder llevar a cabo su mensaje y acciones artísticas y performativas en un importante número de países en todo el mundo.

Habréis notado que la estrella que aparece en su logo es una clara referencia al mundo de los videojuegos, baluarte del entretenimiento digital, la imaginación y la interactividad, que no podría estar más en consonancia con la filosofía del grupo liderado por Inoko.

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Toshiyuki Inoko, CEO y rockstar de teamLab

El noble propósito del arte digital

TeamLab busca superar las barreras y límites que en principio están impuestos por las categorías que dividen a las ciencias y el arte. Dicho propósito va de la mano con su mensaje más abanderado: el ser humano y la naturaleza son elementos que pueden convivir en armonía. TeamLab, es un colectivo que ha extendido sus ramas más allá de las fronteras que los ha visto nacer, pero es un grupo orgulloso de sus raíces japonesas y hacen gala de ello con sus ideas naturalistas, en concordancia con la idea sintoísta de que el hombre es una parte más de la naturaleza y no un adherido. Aunque la naturaleza que recrea teamLab sea digital, sus esfuerzos por otorgarles viveza es un eficaz, impresionante y colorido esfuerzo artístico, intelectual y científico por hacer entender esto a su público y llevar la ciencia a territorios más humanos a través del arte en sus formas más amables.

Esto sería imposible sin un enfoque universal, el público eres tú o yo mismo, como la propia esencia de su trabajo, que si bien parte de influencias y pretextos propiamente japoneses, son fácilmente extrapolables o comprensibles por cualquier persona. Sus obras buscan la interactividad sin exigir ningún tipo de requerimiento de edad, sexo, nacionalidad o ideología a su público. Si bien esto anterior es cierto, cabe mencionar también que teamLab muestra un gran interés y preocupación por el público más infantil, a quienes consideran de vital importancia hacer llegar el mensaje de armonía y convivencia con la naturaleza de sus obras. A estas alturas podemos hablar, seguramente de forma errónea en mi caso, de que los niños de hoy pueden ser ya categorizados como pertenecientes a una nueva variante humana denominada homo digitalis nativo y quien mejor que teamLab para comunicarse y conectar con ellos. Las performances de teamLab son instintivas y la conexión con los niños es instantánea. TeamLab es bien consciente de ello, por lo cual no han dudado en firmar alguna vez colaboraciones como la del célebre personaje Tony Tony Chopper de One Piece. En su actividad One Piece “Digital Art Island Adventure” (2015), realizada en las instalaciones de la Fuji Television, los niños podían dibujar a su propio Chopper, el joven reno médico de la banda de los Sombrero de Paja, el cual cobraba vida e interactuaba en un mundo virtual con más Choppers dibujados por otros niños. En ese mismo sentido el colectivo ha desarrollado la marca teamLab FuturePark bajo la cual mantienen instalaciones en distintas ciudades de Japón enfocadas en los niños, para fomentar en ellos la interacción digital y los procesos de creación cooperativa y colectiva de los que el propio grupo hace gala.

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Las raíces digitales de Japón

TeamLab es un colectivo que explora fundamentalmente el arte digital como parte inicial y final del proceso de creación de sus obras, pero muchas de ellas están basadas en contenidos artísticos tradicionales e históricos. En algunas de sus obras, aquellas realizadas para un contexto japonés, hacen tratamiento de la importancia del mar para la sociedad japonesa, como en Black Waves (2016) o la relevancia de la caligrafía, como en Spatial Calligraphy, Infinite Circle (2016). En otras, por ejemplo, han empleado grabados y pinturas japonesas para explicar pasajes históricos o ilustrar movimientos artísticos como el ukiyo-e. Este es el caso de instalaciones como Flower and Corpse Glitch Set, donde un total de 12 grabados del periodo Edo (1603-1868) han sido reinterpretados en 3D y donde el típico recurso representativo de la perspectiva isométrica de estas pinturas reacciona a la presencia y movimiento de sus espectadores. Además improvisan una historia original procedente de la combinación de personajes y elementos propios de la mitología japonesa, como la serpiente de ocho cabezas Yamata no Orochi que aparece en Kojiki (712 d.C), o de la literatura como el príncipe, ideado por Murasaki Shikibu, Hikaru Genji del clásico Genji Monogatari (S.X?-S.XI?).

TeamLab también aceptó el reto en 2012 de plasmar la vida urbanita de la Tokyo en las paredes interiores de la primera planta de la gigantesca torre de comunicaciones Tokyo Skytree. Adam Booth, responsable artístico del colectivo, empleó estilos artísticos autóctonos y en peligro de extinción como rakuchurakugaizu, género costumbrista de finales del siglo XVI y que reproducía escenas cotidiana de la vida en la Kyoto, así como el edozubyoubu, con temática cercano al anterior pero situado en Edo y ejecutado sobre paneles de biombo. The TOKYO SKYTREE mural (2012), en sus cuarenta metros de pantallas digitales, nos presenta una capital abarrotada que es un espacio común para millones de encuentros fortuitos entre personas con vidas muy distintas. Un juego de tensiones entre entre el pasado y el presente de la capital, que funciona inevitablemente como metáfora del Japón contemporáneo, y que sobrepasa la capacidad visual y cognitiva del espectador, que abrumado descubre algo nuevo con cada vistazo.

La temática japonesa es inevitable pero el colectivo la ha mostrado allende sus fronteras sin ningún tipo de complejo y con su debida contextualización. TeamLab tiene la capacidad de mostrar una pieza en la Bienal de Arte de Singapur de 2013 y recibir por ella el galardón austriaco Prix Ars Electrónica, considerado, de forma popular, como el Óscar de las new media arts. Este es el caso del espectáculo People can be Realized Even without Order (2013), que propone una fantasmagórica pero animada versión del Awa Odori que se celebra cada verano en la prefectura de Tokushima en Shikoku. Se trata del festival tradicional que pone a bailar en procesión a más gente en todo el país y en dicha instalación el público puede colarse en uno de estos grupos de baile, conocidos como ren 蓮, con la diferencia de que aquí los bailarines son proyecciones holográficas.
Especialmente en Japón llevan a cabo muchas intervenciones en espacios abiertos y naturales. Las instalaciones nocturnas de teamLab en estos lugares producen atmósferas realmente impresionantes y que permiten redescubrir lugares ya míticos y turísticamente muy visitados y conocidos. El proyecto Digitized Cities parte de la base de que para realizar una intervención artística en una ciudad no hace falta la modificación ni actuación agresiva del artista sobre ella. La intervención más reciente bajo este concepto fue Digitized Hiroshima Castle (2019), llevada a cabo fue el pasado 8 de febrero en el, reconstruido tras la bomba atómica, Castillo de Hiroshima o Hiroshima-jo 広島城. TeamLab colocó decenas de lámparas de color en forma de gigantescos huevos que comunicados entre sí emitían sonidos y que respondían al movimientos de aquellos que cruzaban el parque que rodea el castillo. Cada huevo, al ser tocado, emitía un color y un sonido concreto, creando una atmósfera y una sinestesia muy particular, contagiando a los demás huevos cercanos y modulando la luz que iluminaba el castillo. Cuando uno de los “ovoides” cercanos a ti cambia de color, comprendes que procede de la influencia y acción de otra persona sobre otro que se encuentra más o menos cercano. La interconexión entre personas a través del sonido y el color fomenta la idea de que todos los presentes están compartiendo un mismo espacio y formando parte funcional de un organismo vivo.
En A Forest where Gods Live, proyecto hermano del anterior, experimentan con la inmersión a través de un colorido mapping proyectado directamente sobre las árboles, rocas y cuevas del Parque Mifuneyama Rakuen, fundado en 1845 y casa del célebre árbol trimilenario Okosu, majestuoso guardián del Santuario de Takeo, el lugar de culto más antiguo de la ciudad de Saga. La naturaleza digital de teamLab se solapa aquí con la real creando una deliciosa orgía visual y planteando una relación simbiótica y respetuosa entre ambas que difícilmente podrás evitar no subir a Instagram. Puede decirse que teamLab ha llevado la técnica unos niveles tan altos de complejidad que hace sentir ya muy lejos a artistas como Michael Naimark o Jeffrey Shaw, considerados los padres del mapping moderno.

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teamLab para Japón, para Asia y para el mundo

A pesar de que los trabajos que hemos mencionado arriba se basen en elementos fuertemente localistas y situados dentro de la cultura japonesa, la tendencia en los últimos años en teamLab es la de buscar elementos autóctonos de cada zona donde se realizan las instalaciones. Un buen ejemplo de esto sería su primera gran instalación permanente desde que se fundase el colectivo, Graffiti Nature (2016), que llevaron a cabo el Arts&Science Museum de Singapur, donde simularon un bosque de la zona dando vida a un antiguo libro de coloridas ilustraciones sobre la flora y fauna autóctona. TeamLab es fiel a la interactividad como pilar central para sus procesos de creación y aquí las plantas y animales de un viejo libro toman vida y se transforman en un ecosistema digital que se mueve a través de pantallas por las distintas salas del museo, reaccionando a la presencia de los visitantes. Si los animales notan tu presencia, huirán, si nos concentramos en el tallo de una flor esta se abrirá para nuestro deleite visual. Un verdadero trabajo titánico de digitalización y animación de recursos analógicos para nuestro goce visual y sensorial.

La existencia de un gran equipo que realiza un esfuerzo conjunto y al unísono para llevar a cabo sus obras es reflejo de la ambición de los trabajos de teamLab, los cuales se han convertido por su calidad artística y grandes formatos en una referencia fundamental dentro de arte digital actual. Si bien es complejo medir el nivel de repercusión que el colectivo imprime dentro de esta categoría artística, su extensa expansión territorial, más allá del archipiélago nipón, no hace sino evidenciar su cada vez más importante presencia y reconocimiento en todo el mundo. Algunos datos que pueden mencionarse para dar cuenta de su presencia e influencia en espacios artísticos (y científicos) por todo el mundo es el gran número de instalaciones permanentes que poseen. Desde el Living Computer Museum de Seattle, hasta la Art Gallery of New South Wales en Sydney, pasando por el Museo de Arte Asiático de San Francisco o la Pace Gallery de Nueva York. Por supuesto conquistando también Europa en el Grand Palais de París o la Saatchi Gallery de Londres. Y esto anterior solo son ejemplos de una larga lista.

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La madurez definitiva de teamLab. Borderless o la capacidad de crear sin límites

Importantes medios de comunicación como la CNN o Aljazeera han llegado a patrocinar algunas de sus exhibiciones. Además desde sus comienzos han contado con el respaldo del Ministerio de Cultura de Japón, quien en más de una ocasión ha acudido al colectivo en busca de soluciones creativas para proyectos concretos. Tales son las cuotas del impacto de las obras de teamLab que el prestigioso Museo de Arte Mori ha inaugurado recientemente una sucursal de gran formato en la isla artificial de Odaiba en Tokyo para que el colectivo lleva a cabo sus obras y experimentos en su interior. El que se llamará MORI Building DIGITAL ART MUSEUM teamLab Borderless supondrá el mayor espacio construido (más de 10.000 metros cuadrados) hasta la fecha en el mundo para albergar exclusivamente obras de arte digital. Si bien la gestión del museo estará centralizada en el Museo de Arte Mori, localizado en el barrio tokiota de Roppongi, la dirección artística de este espacio correrá fundamentalmente a cargo de teamLab. El colectivo espera también realizar colaboraciones con otros artistas dedicados la creación de arte digital interactivo, de forma que el MORI Building DIGITAL ART MUSEUM se convierta en sede y referente mundial, sin miedo a quedar exagerado, de este tipo de arte. Definitivamente, el grupo de Inoko se ha echado a la espalda el encargo de llevar la vanguardia del arte digital al gran público. Solo cabe reconocerlo y sumergirnos en sus obras, para regocijarnos del cuidado diseño de cada una de ellas y preguntarnos: ¿qué será lo próximo? Lo próximo será lo que teamLab quiera. Su capacidad de inventiva no tiene límites ni fronteras. Podríamos decir que es un continuo, como nuestra relación de humanos con la naturaleza. Podríamos decir: borderless.

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Escrito por:José Fernández

Estudios de Asia Oriental – Máster en Gestión Cultural Estudió un año en la Universidad de Estudios Internacionales de Kanda en Chiba. Entre otras cosas, le motiva mucho la música electrónica japonesa y las lucecitas de colores. Pasó su juventud creyendo que el pueblecito de Cádiz donde vivía y se crió era un cyber-laberinto del manga Blame! de Tsutomu Nihei.