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Maya Nukumizu es una artista plástica nacida en Kioto en 1982. Su arte oscila entre una psicodelia pop muy particular que bebe directamente de la estética manga bishojo. Nukumizu retrata a menudo la figura de las chicas adolescentes en la sociedad actual, donde son hipersexualizadas. La artista crea un propio universo que, marcado por la guerra y la violencia, es salvado por heroínas que luchan contra personajes malvados y villanos. Aunque su universo es una creación propia, Nukumizu insiste en que no es tan diferente del mundo en el que vivimos. El horror de la guerra puede brotar en cualquier momento y cualquier lugar, por lo que no conviene olvidar los errores del pasado.
Es discípula del célebre pintor Keiichi Tanaami (1936, Tokio), considerado pionero del pop art en Japón. De él ha aprendido todo lo que hay que saber del arte. Sin embargo, Maya Nukumizu también tiene formación en el campo del diseño y la publicidad. Ha ejercido como profesora en la Universidad de Arte y Diseño de Kyoto y ha realizado exposiciones de sus obras también fuera de Japón. Marcas reconocidas internacionalmente han comenzado a fijarse en sus obras y en los últimos tiempos ha realizado trabajos con Adidas, al igual que su maestro Keiichi Tanaami, quien tiene una línea de ropa con dicha marca.

Comenzamos…

¿Cómo fue tu primer contacto con el arte? Tu estilo es muy particular, ¿podrías decirnos de dónde viene? ¿Cómo lo definirías?

M.N.: Mi padre era escultor y por eso teníamos un taller en casa. Para mí, desde pequeña, era habitual el ir a ver exposiciones y museos junto a mi familia. También crecí en un barrio de Kioto, alejado del centro, donde vivían y se reunían artistas de la ciudad. Podría decir que antes de saber lo que era el arte, este ya estaba en mi vida.
Cerca de mi casa, en nuestro barrio, también había una fábrica donde se hacían figuras de series de animación para parques de atracciones. En esta fábrica, los trabajadores leían muchos mangas y luego los dejaban tirados por allí… Yo los iba a buscar a la basura y leerlos en plan ninja. A escondidas. Junto con otros niños del barrio nos colábamos en la fábrica cuando ya no estaban los trabajadores. Lo recuerdo como si fuese hoy y con mucho cariño. Allí descubrí los impactantes mangas de Kazuo Umezu. Por aquel tiempo, cuando estaba en primaria también descubrí el famoso manga shojo Sailor Moon. Era lo más popular del momento y yo, por supuesto, estaba completamente enganchada. En resumen, si hay algo que describe mi infancia es que la pasé con la cabeza metida en los mangas.
Al final de la primaria, todos los niños de la clase tuvimos que escribir lo que queríamos ser de mayores. En mi caso lo tenía muy claro: quería ser artista. Pero no un artista que hiciera cosas clásicas y complicadas. Quería utilizar el estilo sencillo del manga y hacer arte con este.
Ya en secundaria, me pasaba el día copiando los mangas que me gustaban, mejorando mi dibujo. Fue por aquella época cuando decidí que algún día dibujaría mi propio manga. Sin embargo, para hacer un buen manga hace falta una buena historia y una buena estructura, cosa que no se me daba nada bien. Así que decidí abandonar mi sueño de convertirme en mangaka y dedicarme simplemente a dibujar.
Otro de mis mangas favoritos, y que más tiempo pasaba dibujando, era Rurouni Kenshin. Practicaba todos los días, copiando sus dibujos en mi cuaderno. Por alguna razón, me había obsesionado con la forma en la que el mangaka dibujaba los ojos a sus personajes.
Aún hoy no sé por qué tenía esa necesidad tan fuerte de dibujar pero, recuerdo esa energía como si fuese un primer amor, que nunca se olvida. Creo que el origen del deseo de convertirme en artista, proviene de aquellos momentos. He querido crear nuevas formas de expresión, utilizando un estilo manga dentro de mi arte, como cuando estaba en primaria y escribí en la escuela cual era mi sueño de futuro.

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Una de las principales temáticas que trabajas es la de la sexualización de la mujer, representada de una forma muy psicodélica y surrealista.

M.N.: Me considero una persona tímida, algo impaciente e insegura. Siempre he odiado esa parte de mí, esa debilidad. Sin embargo, cuando dibujo o pinto, siento que me vuelvo más fuerte y que nada puede afectarme… Entonces es cuando Marguerite viene a mi mente. Marguerite es un personaje que un día apareció en mi cabeza y materialicé sobre el papel. Marguerite siempre acude a mi rescate para protegerme de todas esas emociones negativas, como si de una superheroína se tratase. Es solo un personaje que inventé pero, por algún motivo, me inspira y me da fuerzas.
Cosas horribles ocurren en el mundo a diario y siento que mi opinión sobre estas depende de aquello que leo en internet y redes sociales. Internet está muy saturado y es un verdadero mar de información. A veces es un lugar divertido. Otras veces, aterrador. Y aquí en este país donde vivo, Japón, Internet es muy poderoso y sofocante. No hay forma de huir de él. Los problemas que tiene la mujer en la sociedad son evidenciados también en internet y están constantemente presentes, por lo que tampoco supone un lugar relajado ni de tregua para nosotras. En internet, como mujer, siempre tengo la sensación de que estar expuesta a los ojos y juicios ajenos y me temo mucho que hay más mujeres a las que le pasa lo mismo.
Parece que no queda otra en esta sociedad en la que vivimos.
Hay muchas de mis obras que representan luchas de personajes femeninos contra supervillanos y monstruos. Es una forma de combatir esta ansiedad e inseguridad mías y quiero que también pueda servir e inspirar fortaleza a otras mujeres en el mundo.

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Marguerite es un personaje recurrente de Maya Nukumizu y suele aparecer cubierta en una sábana y con una aureola sobre su cabeza

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Al igual que tu maestro, el famoso pintor Keiichi Tanaami, trabajas la psicodelia en las composiciones e introducción de elementos y figuras. ¿Estos elementos tienen un significado concreto dentro de tu universo particular?

M.N.: Al maestro Keiichi Tanaami lo conocí por primera vez durante tercero de carrera en un seminario y desde entonces hemos mantenido una gran relación de amistad. No solo es el artista que más ha influenciado mi obra, sino también el maestro al que le debo todo lo que soy ahora. Si no le hubiese llegado a conocer habría terminado convirtiéndome en otra cosa y no en artista. Cada vez que miro las pinturas de Tanaami sensei siento como si estas me hubieran visto crecer y yo hubiese aprendido todo lo que sé de ellas. Definitivamente, su influencia en mi es muy importante.

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Keiichi Tanaami y Maya Nukumizu

La verdad es que no siento que mi obra se enmarque dentro de lo psicodélico. Por ejemplo, cuando uso los rayos de sol que aparecen en la famosa bandera imperial japonesa, lo que intento hacer es entretejer conceptos. ¿Por qué? Por que aunque hoy en día, Japón es un país pacífico y pacifista, adolece una crisis existencial a consecuencia de su pasado. Las tensiones políticas actuales, internas y externas, tampoco ayudan y hacen temer que se desate una nueva guerra. Empleo en mis obras esta bandera como forma de advertir que se trata de un riesgo real y que ciertas conductas que vemos en la actualidad presentan reminiscencias de este fatídico pasado.
Por otro lado, mis personajes están muy influenciados por el estilo del manga, con sus líneas expresivas y el trazo muy marcado. Como he dicho antes, el estilo particular del manga es para mí una herramienta esencial en la creación de mis piezas.
Al mismo tiempo, cuando pienso en cómo tiene que ser la composición de una obra concreta, creo que es cuando sale mi parte de diseñadora profesional. Lo primero que piensa la gente al ver alguna de mis piezas, es que pretendo hacer un juego de equilibrio y contrastes entre colores claros y oscuros. Lo cierto es que a nivel visual se trata precisamente de conseguir eso. Quiero hacer obras que causen impacto en el espectador, que pongan a funcionar sus cerebros y que no sean fácilmente olvidables.
Para mi, hay belleza en ese impacto.

Esta intencionalidad es, por supuesto, también influencia de Tanaami sensei, de quien de alguna manera he heredado su forma de entender el arte y la belleza que hay en este. La verdad, es que por este tipo de cosas, puedo llegar a entender por qué mi obra se considera psicodélica.

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La influencia del manga es evidente en los personajes que representas en tus trabajos. ¿Cuánto influye el manga en tu obra? ¿Tienes algún manga favorito?

M.N.: Influye muchísimo. Cómo he comentado, desde mi infancia mi manga favorito ha sido Sailor Moon. Es un manga conocido en todo el mundo y que marcó una época, como pudo ser Wonder Woman en Estados Unidos. Además, en el caso de Sailor Moon, la protagonista no es la típica heroína que solo se dedica a hacer el bien, sino que tiene un marcado carácter japonés y es muy humana. Es una chica un poco debilucha y torpe, que además se enamora del chico guay de turno. Por lo general, es una chica normal, con un día a día aburrido y ordinario, hasta que se topa con los malos y saca todo su valor y fuerza para combatirlos. Diría que este gusto por los personajes con tanta personalidad y contrastes me viene desde pequeña.
Otros mangas que me gustan y son muy importantes para mí podrían ser, por ejemplo, 14 años 「14歳」de Kazuo Umezu, Mi nombre es Shingo「わたしは真悟」 de Junji Ito o cualquiera de las historias de Suehiro Maruo. Por lo general, me encantan los mangas de terror que son capaces de mezclar lo bello y lo extraño.

 

Si tuvieras que elegir una obra tuya, ¿con cuál te quedarías?.

M.N.: Sin dudarlo me quedaría con mi obra titulada Yellow twins head bomb. Si te fijas, esta obra busca representar la reprochable actitud de algunos países que, con el objetivo de ganar fuerza en tiempos de guerra, son capaces de transformar en una herramienta y en un arma, hasta a una indefensa y vulnerable niña. En cualquier época de la historia y por un sin fin de motivos, los seres humanos siempre hemos cometido el error de buscar excusas para entrar en guerra y hacer atrocidades.
Además, en esta obra, he intentado retratar cómo me sentiría y el horror que experimentaría si estuviese viviendo una guerra de primera mano… (Aunque puede que esta ya haya empezado).

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Has sido profesora en la Universidad de Arte y Diseño de Kyoto y realizas trabajos en el mundo de la publicidad. ¿Cómo es tu experiencia en este campo? ¿Qué ámbito te gusta más?

M.N.: Es una alegría completamente distinta el poder trabajar en publicidad y en multimedia, más allá de los trabajos de pintura en exposiciones y ferias de arte.
Si tu trabajo aparece en la portada de un disco o en la cubierta de un libro llegará a muchas más personas que podrán conocer tu arte. Es una forma de conectar con personas a las que de otra forma no esperarías poder llegar.
La verdad es que nunca he querido quedarme estancada en un solo ámbito. Prefiero no decidirme por ninguno ni ponerme limitaciones.

¿Tienes algún proyecto actual o futuro?

M.N.: El pasado agosto se celebró el SUMMER SONIC 2019, un festival de rock de Tokio. El festival contaba en su programa con SONICART, una iniciativa que daba espacio al arte y me invitaron a hacer un live painting allí.
Próximamente, del 20 al 29 de septiembre, estaré en el espacio 3331 Arts Chiyoda, en Akihabara, para la celebración de WAVE 2019, una exposición colectiva en la participo,
Otros proyectos, están relacionados con la animación. En bastantes ocasiones me invitan países extranjeros como Suiza o Reino Unido, donde he participado en festivales de producción audiovisual. De hecho, justo ahora estoy trabajando en un proyecto de este tipo y me gustaría seguir profundizando en este campo… y en muchos otros.

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Maya Nukumizu posa junto con su live painting en el festival SUMMER SONIC 2019 de Tokio.

Puedes seguir a Maya Nukumizu en su sitio web, Twitter o Instagram.

Entrevista realizada por Elena Manrique y José Fernández.

Escrito por:acchiKei

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