“No hay ningún poeta japonés moderno que haya ahondado tanto en las posibilidades sonoras del lenguaje como Nakahara. Fue capaz de representar la genialidad perenne de la sensibilidad nacional, no aferrándose a la tradición literaria clásica ni a la corriente tan kitsch de geishas y árboles de cerezo, sino a través de la esencia misma de sus versos”.

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Un verso de Nakahara, a modo de mural, en el museo dedicado a su persona en Yamaguchi.

Shūichi Katō, reputado crítico de literatura japonesa, define así a un poeta maldito que murió con apenas 30 años, que fue conocido por su tremenda irreverencia, su falso desdén a los cánones de la poesía japonesa y su estilo de vida disfuncional. El mundo de la lírica recuerda hoy en día a un hombre que fracasó en casi todos sus intentos de difundir su obra, que fue indolente y cariñoso a la vez con sus relaciones familiares y románticas y que murió entre delirios en la cama de un hospital.

De nuestro poeta se ha dicho mucho y escrito más. De su niñez (1907 en adelante), que el primogénito de los Nakahara estaba muy mimado. Por ejemplo, cuando hacía algo mal, su padre le pegaba usando un pañuelo. Pero tampoco podía jugar con los demás niños de su edad, así que en su casa se daba una mezcla agotadora de rigor y manga ancha. Nakahara acabó marchándose de este nido excesivamente acogedor a los 17 años para vivir con la actriz Yasuko Hasegawa. Esta relación duró apenas un año, cuando Hasegawa le dejó y empezó a salir con Hideo Kobayashi, amigo de Nakahara y compañero poeta. Esta ruptura marcó un punto de inflexión para Nakahara y en sus memorias escribió: “Me sentí totalmente humillado. A raíz de este incidente, perdí la paz perpetua que conlleva la autocoherencia”.

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Fotografía de un pequeño Chūya y su padre en 1907.
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Nakahara se casaría con Ueno Takako en 1933.

Podríamos hablar largo y tendido sobre la vida de Nakahara: sus relaciones amorosas, sus hijos (legítimos o no), sus amistades y contactos, su actitud enajenante que le apartaría de todo esto… y daría para otro artículo, un prólogo o una tesis doctoral, según la dedicación que requiriera. Me gustaría centrarme, sin embargo, en un aspecto un tanto insólito para un poeta japonés del siglo XX. He aquí lo publicado por Nakahara en vida:

Antologías propias:

  • Yagi no Uta (山羊の歌), 1934
    La primera antología de poemas de Nakahara, que contó con veinte reservas en total y una edición pagada con donativos de su madre.
    44 poemas de entre 1924 y 1930.
  • Arishi Hi no Uta (在りし日の歌), 1938
    La última antología de poemas de Nakahara, con mil copias distribuidas en 1938 (año de su muerte) y veinte mil en 1947.
    58 poemas de entre 1925 y 1937.

Antologías traducidas:

  • Rimbaud jishū: gakkō jidai no toki (ランボオ詩集 学校時代の詩), 1933.
    “Antología de Rimbaud: poesías de su época escolar”.
  • Rimbaud jishō (ランボオ詩抄), 1937.
    “Obras seleccionadas de Rimbaud”.
  • Rimbaud jishū (ランボオ詩集), 1938
    “Antología de poesía de Rimbaud”.

De cinco obras, tres son ajenas y dedicadas a un mismo poeta: Arthur Rimbaud, el pintoresco poeta francés que revolucionó el mundo del verso y lo abandonó con apenas diecinueve años. Nakahara veía en él, junto a Verlaine, al tipo de poeta en el que quería convertirse: llegó a alabar más a Rimbaud sobre Verlaine por su faceta de “romántico”.

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Portada de la edición de New Star Press de Yagi no Uta (山羊の歌) publicada por primera vez en 1934

Arthur Rimbaud y Nakahara: dadaísmo internacional

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El poeta francés Arthur Rimbaud (1854-1891)

Esto de que Nakahara quisiera convertirse en Rimbaud, por cierto, no es una expresión ni una metáfora. Kawakami Tetsutarō decía que “Nakahara caminaba con las manos en los bolsillos de su chaqueta, con un conjunto similar al que llevaba Rimbaud en el retrato de Verlaine: ropa negra y bombín […] Su comportamiento era extraordinario. Yo le escuchaba con una mezcla entre curiosidad, fascinación y disgusto”.

Como hemos visto antes, Nakahara fue uno de los poetas que más se dejó embelesar por los versos de Rimbaud. Tanto es así que optó por traducir varias de sus obras (lo que a su vez es un tema de estudio por la adaptación al japonés de poesía francesa y patatín, patatán). Aquí un ejemplo, para quien tenga curiosidad, con uno de los fragmentos más famosos de Rimbaud:

Arthur Rimbaud Carlos Barbáchano Chuya Nakahara
Versión original en francés Traducción al castellano Traducción al japonés
Ô saisons, ô châteaux
Quelle âme est sans défauts?
Ô saisons, ô châteaux,
J’ai fait la magique étude
Du Bonheur, que nul n’élude.
¡Oh temporadas, oh castillos!
¿Qué alma existe sin defectos?
¡Oh temporadas, oh castillos!
He realizado el mágico estudio
de la dicha, que nadie elude.
季節が流れる、城寨が見える
無疵な魂なぞ 何処にあらう?
季節が流れる、城寨が見える
私の手がけた 幸福の
秘法を誰が脱れ得よう。

“La diferencia más importante entre “la poesía” [europea] y el waka o el haiku es que, aun considerando sus matices distintivos, la poesía da más margen a la repetición, así como a los acrósticos y estribillos”. Esto decía Nakahara tras estudiar la poesía europea (en particular, la francesa) y quedar fascinado por sus recursos polifacéticos. En 1933 publicó su primera antología de poesía traducida de Rimbaud, de la que Shōhei Ōka comentaba que “como traducción es un tanto carente lingüísticamente, pero sabe plasmar el conjunto de la obra mejor que nadie. Presta bastante atención a los vacíos que deja Rimbaud al saltarse palabras. Es una traducción muy dramática”.

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Nakahara Chūya Memorial Museum en Yamaguchi.

El caso es que la versión traducida de Nakahara es, además, un intento muy interesante de aunar lo europeo y lo japonés. Por ejemplo, cuando hace la adaptación de un poema de corte dadaísta, también añade los matices propios de la coda silábica y de ritmo de un poema en japonés. Si nosotros estudiamos un tema y queremos asimilarlo, lo hacemos (normalmente) estructurando la información en diferentes categorías (con esquemas, por ejemplo) y para ello evaluamos qué distingue un apartado de otro. Aunque parezca irrelevante, la interpretación que da Nakahara a estos poemas y cómo los adapta después es un tema necesario para estudiar tanto al propio poeta como a Rimbaud. Pensemos en que, a no ser que seamos políglotas, a menudo nos toparemos con literatura traducida de otros idiomas y, si son clásicos, entrarán en juego diferentes versiones con perspectivas propias. Estos clásicos, a su vez, influenciarán a una nueva generación de escritores que implementarán lo aprendido en sus obras y… bueno, ya me entendéis.

Vamos a hacer, pues, un breve repaso de las traducciones.

Nakahara fuera de Japón

Hace unos años, la Editorial Atalanta lanzó un tomo único de 1624 páginas con toda la obra traducida de Arthur Rimbaud, en edición bilingüe en francés y español, cuya publicación fue financiada por el Ministerio de Cultura, Educación y Deporte. Es una maravilla de libro y un privilegio asociado a pocos poetas: la publicación de absolutamente todo cuanto escriben (poesía o no), en una tarea de cuestión prácticamente arqueológica y que supone un deleite para el lector que admira al poeta recopilado: entiendes la obra en su conjunto y también al autor. ¿Quieres todo lo que ha escrito Rimbaud? Aquí tienes el tomo, que pesa como un recién nacido y dan las mismas ganas de besarle el lomo.

¿Quieres todo lo que ha publicado Nakahara? Porque en Japón también se ha llevado a cabo esta misma labor arqueológica; esta excavación de todo cuanto el autor publicó en vida, sea en revistas, en correspondencia o en borradores. De hecho, la obra total de Nakahara ocupó seis volúmenes cuando se hizo un intento de compilación de su obras completas allá por 1967.

Esto es lo que se ha publicado en España:

  • Yoshida, H. (2017) Chuya Nakahara Antologia (Editorial SUSA): 64 páginas en euskera.

Esto es lo que se ha publicado en inglés:

  • Beville, R. (2002) Poems of the Goat: Yagi no Uta (Amer Book Co.): 77 páginas, descatalogado.
  • Beville, R. (2005) Poems of Days Past: Arishi Hi no Uta (The American Book Company): 83 páginas, descatalogado.
  • Mackintosh, P; Sugiyama, M. (1995, re.2017) The Poems of Chūya Nakahara (Gracewing): 150 páginas.

Y… ya está. Aunque los trabajos de Beville son ediciones bilingües, también son parte de una serie planeada de tres libros cuya última entrega no se ha publicado aún a día de hoy. También está el detalle de que ambos libros están descatalogados en plataformas-imperio como Amazon o Bookdepository, aunque el traductor dijo en sus redes a principios de este año que lanzaría una versión reeditada y mejorada del volumen de 2002. La obra traducida más accesible de Nakahara, la antología de Mackintosh y Sugiyama, solo trae la versión en inglés y lo hace de una forma un tanto descuidada, sin cronologías o argumentos para explicar los poemas escogidos.

La gran disparidad de ambas versiones también se explica de la siguiente forma: Nakahara tiene dos vías poéticas, la sonora y la significativa. Conservar ambas es un trabajo que muy pocos traductores pueden hacer, y los trabajos de Beville y Mackintosh/Sugiyama son, al fin y al cabo, licencias fundamentadas en teorías. Pongamos otra muestra, esta vez de un poema extraído de Arishi Hi no Uta (Poems of Days Past):

六月の雨

またひとしきり 午前の雨が
菖蒲のいろの みどりいろ
眼うるめる 面長き女
たちあらはれて 消えてゆく

Y sus dos versiones traducidas:

Ry Beville  Paul Mackintosh / Maki Sugiyama

June Rain

June Rain

Again this morning spells of rain
A striking woman eyes awash
With iris hues of deep marine
Appears and then begins to vanish
Again for some time,  morning rain;
Iris-coloured,     green;
Eyes moist,     a long faced woman
Appears    and vanishes.

Está claro que Ry Beville elige mantener la idea narrativa a costa de la métrica, mientras que en la versión de Mackintosh/Sugiyama se mantiene el mismo patrón, pero queda una escena más difusa y críptica. En tan solo dos versiones vemos que existe una polarización notable, pero, ¿se ha tenido en cuenta el gusto por lo dadaísta de Nakahara? ¿Es más imperativo en el poeta lo que cuenta, o cómo lo cuenta? El debate de contenido y forma no es nuevo: sirva el ejemplo de Jun’ichiro Tanizaki y Ryūnosuke Akutagawa, escritores de renombre del Japón del siglo XX (mucho más que eso, pero por cuestiones de brevedad lo dejaremos así), que ya tenían debates acalorados sobre cuál de los dos elementos era más relevante en una historia.

Nakahara es un autor de relevancia notable en Japón (véase la cita del principio del artículo) y un componente necesario para entender la poesía del siglo XX. No tener la oportunidad de leer y estudiar su obra a través de medios más cercanos supone tener una parte de historia inaccesible para quien no disponga de los recursos necesarios para su disfrute (a saber: conocimiento del idioma, conocimiento literario, economía, etc). La literatura japonesa en español está dando pasos importantes gracias a editoriales como Satori, Quaterni, Impedimenta y demás, pero aún queda un trecho por recorrer y solo queda esperar que se haga con pasos tan cuidados como hasta ahora.

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Pequeño homenaje en el © BOOKCAFE&BAR Zikkai de Ginza en Tokio
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Escrito por:Alejandro Sánchez

Joven canario con ojeras eternas y que gesticula como Rasputín. El minero de Soseki. Quiere dedicarse a la traducción literaria y audiovisual desde el japonés, saber cinco idiomas y vivir en un faro, en ese orden. Twitter: @vit4japon3sis.